martes, 29 de mayo de 2012

Espacio

Espacio

 

Acabo de darme cuenta que mi cabeza está llena, no queda lugar para mis nuevos pensamientos, por eso se caen, se escapan, buscan otros lugares que les den refugio, exiliados, nómades, huérfanos. Algunos quizas, encuentran quienes los adopten, por eso de tanto en tanto me parece descubrir un pensamiento mío en otra persona.

Para resolver este pequeño problema, voy a intentar hacer espacio quitando algunos pensamientos antiguos, de esos que no tienen importancia.

Comienzo a analizarlos, depacio, uno a uno, intentando identificar cuales serian prescindibles, pero en seguida me distrae la sorpresa de encontrar enroscados en mi cerebro pensamientos de otros. Una nueva hipotesis se me plantea sobre aquello que había creído: ¿Otros tienen mis pensamientos o yo tengo pensamientos de otros? La coincidencia de pensamientos puede tener cualquiera de los dos origenes ser. Mi falta de memoria puede haberme jugado una mala pasada. En este momento quisiera tener un espejo para tratar de reconocerme en mi propia imagen, una forma de saberme un poco más yo, aunque solo fuera en apariencia. Yo me vuelvo, en mi fantasía, un rompecabezas armado con piezas robadas.

El nerviosismo transforma mis manos en armas que juegan en mi contra. Vuelco el vaso. El agua se desparrama por la mesa mojando mi pantalón. Me siento tonto. Los de alrededor me miran, me juzgan sin piedad, como se juzga a otros cuando les pasan cosas que nos pudieron pasar a nosotros. Yo los miro con desden, con bronca. Quisiera tener el poder de volcar todos los vasos que estan sobre las mesas. Pero una vez más, lo que quiero es tan irreal que solo puedo acumular una porción de frustracion y guardarla en el almacen que tengo adentro, en un rincon rancio y oscuro.

El mozo limpia la mesa y aunque el pantalon sigue mojado, vuelvo a enfrascarme en mis propios pensamientos. Estoy otra vez observando mi propio cerebro.

Si hay algo para quitar, son los pensamientos de otros. De esta forma, no solo voy a lograr tener espacio para nuevos pensamientos, sino que al disminuir la cantidad de pensamientos que no son míos, voy a ser un poco más yo, voy a estar más cerca de mi mismo.

Hago un dibujo a mano alzada, un mapa de mis pensamientos, con colores y formas diferentes. Algunos se esconden detras de otros, como si quisieran ocultarse de mi mismo, de sí mismos. Temo no llegar a entenderme nunca. Quizás mi mente no esta preparada para entenderse.

A pesar de todo, siento que el objetivo se acerca. Mis dedos desmenuzan la servilleta en pequeñas partes, hacen bolitas blancas y las agrupan en el plato del cafe con leche rodeando a la taza, como si quisieran resguardarla de algo. Mi ansiedad genera una teoría de la relatividad subjetiva: el tiempo a mi alrededor se dobla, no por mi velocidad sino por la forma en que lo observo.

Pasan algunos años que quizás son instantes y vuelvo a concentrarme. Puedo sentir la gente, las mesas, los murmullos. A mi alrededor todo tiene la confusión de un sueño. Transpiro. Los pensamientos sobre mis pensamientos son extraños. Otras veces, por causas distintas había necesitado ordenar mis ideas, sin embargo en esos casos tenia un destino diferente; el entendimiento. Ahora me encuentro en una situación de desborde y una pregunta me quita recusos, mientras se derrite por el interior de mi garganta como si fuera lava, amenazando con quitarme la respiración. ¿Quitar un pensamiento es quitar un recuerdo? Lo que intenta simplificar una pregunta más amplia: ¿Hay algo más en mi cabeza que solo recuerdos? La inocencia de la pregunta refleja la complejidad de la respuesta y me obligaba a ver, como en un espejo, mi propia incapacidad para entender la existencia de algo que esta por encima de mi mismo y de todos los demás. Desde hace años, la palabra dios me resulta abstracta, vacía, amorfa. Quizás porque tiene tantos significados que no puedo elegir uno.

 

Podía ver mi cabeza como un cilindro largo y transparente, donde las nuevas ideas que ingresaban por un extremo obligaban a otras a caer por el lado opuesto.

Necesitaba apurarme en una carrera ridícula contra mí mismo. El espacio continuaba achicándose cada vez que analizaba una nueva posibilidad. Tuve otra revelación, el pensamiento ocupaba lugar. Quizás ese otro, antiguo, se había equivocado o yo simplemente no seguía las reglas de los demás humanos. Me descubrí paralizado por el miedo de lo que podría pasar si llegaba a saturarme, lo que fue quizás una forma de mantenerme estable. Sin embargo, volví a sentir el espacio restringirse en mi cerebro.

 

Ahora observo mentalmente el mapa de mi propio cerebro. Encuentro relaciones entre los pensamientos propios y los ajenos que se disfrazan de propios pero que a partir de este instante ya no pueden engañarme. Los descubro porque llevan un hacha y un manual de retórica bajo el brazo para lograr que, por el miedo o el convencimiento, los adopte como propios.

 

Finalmente, me quedé sin espacio justo en el momento en que comencé a borrar pensamientos.

En el apuro, no guardo ninguno orden en el borrado, apenas desaparece un pensamiento, desaparece también el recuerdo de haberlo borrado. Cada nuevo ciclo me encuentra creyendo que sigo saturado. Las variables se abarrotan en mi cerebro, el ciclo de borrado me traiciona o se traiciona a si mismo. El ciclo se repite una y otra vez, obligandome a olvidar. Con una lógica que me emociona, fruto de la inteligencia o del azar, me queda solo el pensamiento encargado de borrar los recuerdos. Soy, frente al espejo, una persona sin pasado, un proceso con piel de hombre. Mi último pensamiento se observa, se desconoce y se borra a si mismo. Por fin libre, ya no recuerdo nada.

 

domingo, 13 de mayo de 2012

Creencias

 

Usted en seguida va a pensar que no sé lo que hago, porque eso es lo que yo pensaría si me viera desde afuera como me ve usted. Pero sabe que somos así como somos, precisamente porque no podemos vernos desde afuera. Sin embargo, a pesar de su impresión, le digo que se muy bien lo que hago. Mi exigencia no proviene de un ataque de nervios aislado provocado por cualquier causa superflua. Mis ideas, como esta que me acompaña hoy sólo las manifiesto luego de maceradas, como se macera la uva y adquiere el sabor del roble que la contiene. Lo que le quiero decir es que no soy un improvisado que viene a pedir, a exigir mejor dicho, cualquier cosa. No tiemble que me pone nervioso. Si traje este revólver es por seguridad, para que todo salga bien, nada más. Sé que mis argumentos deberían convencer a cualquiera, pero hay algunos que prefieren que les exijan, que los obliguen. No es que no estén de acuerdo porque nadie puede no estar de acuerdo con la lógica pura, mas bien es para evitar tomar la decisión. Si otro los obliga, ellos no tienen la culpa. Pero volviendo a lo nuestro, mi pedido es sencillo y por sobre todas las cosas, justo. Divinamente justo.

Entiendamé. Solo le estoy pidiendo sus cosas materiales. Sí, sí, yo entiendo, el que pareciera no entender es usted. O quizás no cree lo que dice que cree.

Vamos a ver si podemos razonar juntos. Usted cree en la vida eterna y cree que si hace las cosas bien Dios va a tenerlo en la gloria y cree que los últimos serán los primeros y también cree que tiene toda la eternidad por delante. Usted cree todo eso, mientras que yo, pobre ateo, no tengo mas que esta corta vida terrestre, me entiende? Soy visceralmente terrenal y conscientemente mortal.

Piense hombre. Yo le quito todo lo que tiene, y al dejarlo pobre, le aseguro una rápida entrada al paraíso. Lo convierto en último por un corto periodo para que pueda ser primero toda la eternidad. ¿Usted que edad tiene? Es cierto que mi intención es egoísta, pero reconozca que lo ayuda. Hay tantas obras malas que son evaluadas exclusivamente por las pequeñas bondades laterales que generan. Yo se que con el tiempo usted va a poder apreciarlo, por eso insisto en nuestra gloria. Me hace sentir mejor pensar en que otro se beneficia con mi acto. Inclusive, se me acaba de ocurrir que podemos hacer las cosas mas sencillas, evitar el dolor. Escuche: después de que usted me de sus pertenencias yo podría acelerarle la partida y convertirlo en primero en seguida de que fue último, así no sufre la espera.

No se resista que puede arruinarnos los planes. Mire, si yo lo mato primero y luego le saco las cosas, usted va a llegar a las puertas del cielo sin haber sido de los últimos, con lo que su conversión no se produce y nuestra gloria se desvanece ¿se da cuenta? Quién sabe como reaccionaría Dios en este caso y además, yo prefiero ser su salvador que ser su asesino.

Ponga todo nomás ahí en esa bolsa. No la mire así, es una bolsa de recolectar limosnas. Me la robé de la iglesia, como de pasada. Pero ojo que antes dejé la plata que tenía ahí mismo. Vaya a saber adonde estaba destinado lo que habían recolectado. Ni por casualidad quisiera arruinar esta pequeña bondad. Yo se que me entiende, lo veo en sus ojos. Gracias, gracias, muchas gracias. Es un lindo regalo el que me hizo. Ahora si estamos listos. Lo veo pálido, temblando de nuevo. Pero claro, que tonto soy. A segundos de encontrarse con su Dios es más que lógico que esté ansioso.

Estoy sintiendo como un cosquilleo acá en el revolver. Vamos a pensar juntos. Usted que cree, ¿será que Dios va a admitirlo en el paraíso así nomás, con cinco minutos de pobre y toda una vida de riqueza? Pensándolo bien, sería mejor que hiciera un poco de experiencia en este nuevo puesto. Pero no se amargue, hombre, pienseló bien. Desde la perspectiva de lo eterno dos minutos de último no le garantizan nada. Entiéndalo a Dios también. Yo en el lugar de él le exigiría un poco más. Fíjese que sino, la tierra se volvería un desastre, todos querrían ser de los primeros hasta dos minutos antes de la muerte y eso Dios no lo puede permitir. Imagino que usted tampoco quiere ser responsable de una atrocidad semejante. Dejémoslo todo así. Estoy realmente ansioso por comenzar con mi nueva vida. Quien dice, si Dios existe me reconozca haber ayudado a su conversión. Y no me agradezca, hombre, que yo también me llevo mi recompensa.

 

sábado, 12 de mayo de 2012

Compañeros

Nuestros primeros dias de compañeros fueron muy buenos. Dario era la persona perfecta para tener enfrente y aunque la mania moderna de ahorrar espacio nos obligaba a estar más cerca de lo que huniera querido, él se mostraba respetuoso de mis espacios. Asi logramos una convivencia en armonia.

Mi espacio es tan importante como mi tiempo, que es como otra forma de espacio y tiene tambien un lugar individual. Yo no soy de los que piensan que hay un único tiempo para todos, mas bien creo que hay un tiempo de cada uno y que se puede decidir, o no, compartirlo con otros. Por esoes que algunas veces a una persona se le hace eterno un momento mientras que a la de al lado le parece una milesima de segundo. En la oficina, como en otros lugares compartidos, para convivir hace falta restringir el uso a particular de los lugares compartidos. En esos lugares, como la maquina de cafe, se ponen en juego el espacio y el tiempo.

Algunas personas piensan que soy un hermitaño, pero no es asi, simplemente acepto mi capacidad real para compartir, cosa que muchos no hacen y asi terminan, con ataques de pánico o alguna otra enfermedad moderna.

Recuerdo los primeros tiempos con Dario y pareciera que los ojos se me humedecen, aunque no. Cada mo preguntaba al otro si quería algo cuando iba para la cocina, pero los dos nos respondíamos que no. Era nuestro código. Nos preocupábamos por el otro y a la vez sabíamos que no íbamos a molestarlo ni íbamos a ser molestados. Un acuerdo tácito surgido de la convivencia inteligente. Pero como todo lo bueno, no pudo durar. Dijo que sí y lo desbarató esa perfección que habíamos logrado. Ahora ya no puedo preguntarle cada vez que me levanto para ir a la cocina porque tengo miedo de que me conteste nuevamente que sí. ¿Pero por qué lo hizo? No era necesario. Hay gente que no puede soporta la perfección.

Seguramente si le pregunto, cosa que no pienso hacer, va a decir que de tanto tiempo, pensó que quizás podíamos tomar un café juntos, que ocho horas todos los días compartiendo el lugar y bla bla bla. ¿Pero es que tenemos que ser amigos? ¿Puede ser que la gente crea que las relaciones siempre tienen que evolucionar? Estábamos en el ideal y en ese punto no hay posibilidad de mejora. No teníamos que buscar la evolución sino la permanencia, pero todo esto seguramente ni siquiera lo pensó. Dijo que sí porque se le ocurrió nomás. O por comodidad, para no tener que levantarse él. Y ahora por su comodidad de un minuto nos incomodamos todo el resto del tiempo.

Maldito descerebrado. Ahora mismo quiero ir a buscar un café y tengo que estar pensando en este infeliz que me complicó la existencia. Pero si a mi no me importa, ¿por qué debería estar preguntándole cada vez que me levanto? No lo voy a hacer más, eso voy a hacer. Y cuando él me pregunte le voy a decir que no hasta que se canse. Pero. ¿que digo? Ya lo arruinó todo. Es del tipo de personas que en lo único que tiene éxito es en hacer las cosas mal. Pero le tengo que reconocer que logra arruinar las cosas perfectamente bien. Y arruinar algo perfectamente bien es tan difícil como lograr que salga perfectamente bien. Y este tipo si que lo consigue. Debe ser un problema sanguíneo, un problema heredado, porque logra la perfección en lo equivocado, en lo que debería tratar de evitar. Y una cosa tan bien lograda no puede haberla aprendido en una sola vida, tiene que haber sido perfeccionada de generación en generación.

Ahora todo sigue así, infectado con la perfecta estupidez de este tonto. De este tonto un poco inteligente, porque sus logros no son tan sencillos para que los pueda conseguir cualquiera. Seguramente tenga un desvío entre aquello que cree querer conseguir y aquello que busca en realidad, siendo que la realidad entonces debe serle mucho mas subconsciente que consciente.

Por suerte estamos quienes lo tenemos todo mucho mas claro. Quizás yo mismo debería intentar ayudarlo, aunque realmente no quiero ir a tomar café con él. Podría buscar alguna otra forma, pero cada cual tiene su destino y este tipo nació para arruinar las cosas. No quiero que mi buena voluntad termine trayéndome problemas, porque si está en la sangre puede ser contagioso. Lo mejor va a ser ignorarlo, hacer como si no existiera y volver a mi comodidad previa, a ese equilibrio que él decidió romper sin consultarme.