domingo, 13 de mayo de 2012
Creencias
Usted en seguida va a pensar que no sé lo que hago, porque eso es lo que yo pensaría si me viera desde afuera como me ve usted. Pero sabe que somos así como somos, precisamente porque no podemos vernos desde afuera. Sin embargo, a pesar de su impresión, le digo que se muy bien lo que hago. Mi exigencia no proviene de un ataque de nervios aislado provocado por cualquier causa superflua. Mis ideas, como esta que me acompaña hoy sólo las manifiesto luego de maceradas, como se macera la uva y adquiere el sabor del roble que la contiene. Lo que le quiero decir es que no soy un improvisado que viene a pedir, a exigir mejor dicho, cualquier cosa. No tiemble que me pone nervioso. Si traje este revólver es por seguridad, para que todo salga bien, nada más. Sé que mis argumentos deberían convencer a cualquiera, pero hay algunos que prefieren que les exijan, que los obliguen. No es que no estén de acuerdo porque nadie puede no estar de acuerdo con la lógica pura, mas bien es para evitar tomar la decisión. Si otro los obliga, ellos no tienen la culpa. Pero volviendo a lo nuestro, mi pedido es sencillo y por sobre todas las cosas, justo. Divinamente justo.
Entiendamé. Solo le estoy pidiendo sus cosas materiales. Sí, sí, yo entiendo, el que pareciera no entender es usted. O quizás no cree lo que dice que cree.
Vamos a ver si podemos razonar juntos. Usted cree en la vida eterna y cree que si hace las cosas bien Dios va a tenerlo en la gloria y cree que los últimos serán los primeros y también cree que tiene toda la eternidad por delante. Usted cree todo eso, mientras que yo, pobre ateo, no tengo mas que esta corta vida terrestre, me entiende? Soy visceralmente terrenal y conscientemente mortal.
Piense hombre. Yo le quito todo lo que tiene, y al dejarlo pobre, le aseguro una rápida entrada al paraíso. Lo convierto en último por un corto periodo para que pueda ser primero toda la eternidad. ¿Usted que edad tiene? Es cierto que mi intención es egoísta, pero reconozca que lo ayuda. Hay tantas obras malas que son evaluadas exclusivamente por las pequeñas bondades laterales que generan. Yo se que con el tiempo usted va a poder apreciarlo, por eso insisto en nuestra gloria. Me hace sentir mejor pensar en que otro se beneficia con mi acto. Inclusive, se me acaba de ocurrir que podemos hacer las cosas mas sencillas, evitar el dolor. Escuche: después de que usted me de sus pertenencias yo podría acelerarle la partida y convertirlo en primero en seguida de que fue último, así no sufre la espera.
No se resista que puede arruinarnos los planes. Mire, si yo lo mato primero y luego le saco las cosas, usted va a llegar a las puertas del cielo sin haber sido de los últimos, con lo que su conversión no se produce y nuestra gloria se desvanece ¿se da cuenta? Quién sabe como reaccionaría Dios en este caso y además, yo prefiero ser su salvador que ser su asesino.
Ponga todo nomás ahí en esa bolsa. No la mire así, es una bolsa de recolectar limosnas. Me la robé de la iglesia, como de pasada. Pero ojo que antes dejé la plata que tenía ahí mismo. Vaya a saber adonde estaba destinado lo que habían recolectado. Ni por casualidad quisiera arruinar esta pequeña bondad. Yo se que me entiende, lo veo en sus ojos. Gracias, gracias, muchas gracias. Es un lindo regalo el que me hizo. Ahora si estamos listos. Lo veo pálido, temblando de nuevo. Pero claro, que tonto soy. A segundos de encontrarse con su Dios es más que lógico que esté ansioso.
Estoy sintiendo como un cosquilleo acá en el revolver. Vamos a pensar juntos. Usted que cree, ¿será que Dios va a admitirlo en el paraíso así nomás, con cinco minutos de pobre y toda una vida de riqueza? Pensándolo bien, sería mejor que hiciera un poco de experiencia en este nuevo puesto. Pero no se amargue, hombre, pienseló bien. Desde la perspectiva de lo eterno dos minutos de último no le garantizan nada. Entiéndalo a Dios también. Yo en el lugar de él le exigiría un poco más. Fíjese que sino, la tierra se volvería un desastre, todos querrían ser de los primeros hasta dos minutos antes de la muerte y eso Dios no lo puede permitir. Imagino que usted tampoco quiere ser responsable de una atrocidad semejante. Dejémoslo todo así. Estoy realmente ansioso por comenzar con mi nueva vida. Quien dice, si Dios existe me reconozca haber ayudado a su conversión. Y no me agradezca, hombre, que yo también me llevo mi recompensa.
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